La industria en general está atravesando una transformación profunda y México no puede limitarse a conservar la industria que ya tiene; por el contrario, debe prepararse para participar en las nuevas etapas de la manufactura y relacionar las inversiones con la transición energética y los procesos productivos sustentables Armando CabadaEn el libro *Narrative Economics*, el Premio Nobel de Economía Robert J. Shiller logró demostrar que las historias de confianza o pánico se contagian entre la población de un país exactamente igual que un virus o una epidemia biológica. Esta premisa tiene una especial relevancia en el contexto geopolítico actual. En medio de la incertidumbre que han provocado las políticas proteccionistas de nuestro vecino del norte y la postura sobre la revisión del T-MEC, es frecuente escuchar a los mismos agoreros del desastre decir, una y otra vez, que las inversiones en México van a disminuir.
Ante esta situación, las decisiones que toman las empresas ofrecen perspectivas distintas a las de aquellos que quieren sacar raja política de todo. Ese es el caso de la empresa automotriz KIA, que anunció una inversión de 649 millones de dólares entre 2026 y 2028 para ampliar sus operaciones en México y producir el vehículo eléctrico EV3 en la planta que tiene en Nuevo León. Esa inversión es una señal de confianza en nuestro país, en su capacidad productiva, en el talento humano y en las oportunidades que ofrece México.
Ninguna empresa, ya sea nacional o internacional, compromete recursos de esa magnitud solo por simpatías políticas o declaraciones gubernamentales. Antes de realizar una inversión, KIA debió haber analizado la productividad, la infraestructura, la disponibilidad de proveedores, los costos y las posibilidades de crecimiento; en ese sentido, debemos entender la decisión como un reconocimiento a las condiciones competitivas que se han construido en el país.Adicionalmente, y a pesar de las dificultades en el entorno internacional, México continúa formando parte de las decisiones estratégicas de las grandes empresas internacionales. Siendo claros, esta confianza empresarial no significa que todos los problemas estén resueltos, pero sí contradice la idea que se ha pretendido instalar de que México se encuentra aislado o que ya no es atractivo para la inversión.
La producción del KIA EV3 significa el traslado de una línea de fabricación que actualmente se encuentra en Corea del Sur. El proyecto contempla la creación inicial de 500 empleos directos, cifra que se ampliará hasta alcanzar los 1,500 en 2030. Pero esto no se trata solo de la creación de empleos, sino de incorporar nuevas tecnologías y capacidades productivas. La fabricación de vehículos eléctricos requiere trabajadores especializados, proveedores avanzados, procesos de alta tecnología y, sobre todo, una mayor vinculación entre las empresas y las instituciones educativas; esa es una obligación en la que todos debemos apoyar.
La industria en general está atravesando una transformación profunda y México no puede limitarse a conservar la industria que ya tiene; por el contrario, debe prepararse para participar en las nuevas etapas de la manufactura y relacionar las inversiones con la transición energética y los procesos productivos sustentables.
El anuncio de la inversión es resultado de los objetivos del Plan México y del fortalecimiento de la producción nacional, que busca atraer nuevas inversiones e incorporar un mayor contenido mexicano en las cadenas productivas. El KIA EV3 iniciará con alrededor del 27% de contenido nacional; sin embargo, este porcentaje crecerá conforme se desarrollen más proveedores mexicanos.Aunque estas inversiones no significan que toda la economía mexicana funcione a la perfección, sí demuestran que las condiciones son favorables y que existe la confianza suficiente en el país para realizar proyectos de gran envergadura. Por supuesto que aún tenemos retos importantes en materia de energía, infraestructura, disponibilidad de agua y formación de talento, pero reconocer esos pendientes no contradice la existencia de logros y avances que permiten este tipo de anuncios.
Frente a quienes desean que a México le vaya mal con el único objetivo de obtener una ventaja política, deben colocarse los datos y los resultados tangibles. Las diferencias partidistas son legítimas, pero no deben impedir reconocer una inversión que genera empleos y fortalece la capacidad industrial.
El desarrollo económico requiere continuidad, certidumbre, diálogo con los empresarios y una visión de largo plazo, en donde el gobierno y la iniciativa privada no deben verse como adversarios; ambos tienen responsabilidades distintas, pero complementarias. La inversión de KIA no solamente representa una cantidad importante de dinero, sino también una señal de confianza en México y una oportunidad para demostrar que nuestro país cuenta con el talento, la capacidad y la visión necesarios para participar en la industria global. Cortesía Darío de Juárez
