Transformar un país no significa solamente cambiar su presente, sino garantizar que los avances alcanzados se conviertan en bienestar para las generaciones futurasLas transformaciones sociales, políticas y económicas no se consuman con la sola llegada de un nuevo gobierno; incluso con las reformas legislativas, los cambios profundos solo se consolidan cuando se institucionalizan y producen mejoras que generan bienestar social.

En 1917, después de varios años de lucha revolucionaria, se promulgó una nueva Constitución en la que se incorporaron disposiciones que buscaban saldar históricas deudas sociales y laborales; sin embargo, la inclusión de esos derechos en el texto constitucional no resolvió inmediatamente las desigualdades ni los problemas de desarrollo del país. Esto está ampliamente documentado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, que explica cómo la Constitución de 1917 sentó las bases de un nuevo orden político y social.

Tomando en cuenta lo anterior, los ciudadanos tienen derecho a evaluar las políticas sociales y económicas por los efectos que han tenido en la población, no por los discursos y las narrativas de quienes están a favor de la transformación o de aquellos que están en contra. En ese sentido, entre 2018 y 2024, México registró una disminución importante de la pobreza multidimensional, al pasar del 41.9 % al 29.6 %, una reducción de 12.3 puntos porcentuales, lo que equivale a 13.4 millones de personas menos en situación de pobreza.

Otro avance que ha contribuido al bienestar de las y los mexicanos es la recuperación del salario como parte de las medidas de impacto social. Durante décadas, el salario mínimo resultó insuficiente para cubrir las necesidades familiares básicas. Sin embargo, los incrementos salariales fueron cuestionados bajo el argumento de que generarían una inflación que terminaría afectando económicamente a los más desfavorecidos. Los recientes aumentos han puesto en entredicho esos argumentos, al demostrar que la recuperación salarial no necesariamente provoca los efectos inflacionarios que se advertían. Esta recuperación, sin embargo, plantea también el enorme desafío de elevar la productividad, ampliar el empleo formal y sostener el poder adquisitivo.

Aunque los avances son evidentes y las expectativas favorables, aún existen asignaturas pendientes en temas tan importantes como la salud, la seguridad y la calidad de los servicios públicos. Esto no significa desconocer los logros de la Cuarta Transformación; por el contrario, implica mantener una visión objetiva, indispensable para consolidar los cambios necesarios que permitan llevar mayor bienestar a la sociedad.

El mejoramiento del ingreso familiar, aunque real y comprobable, coexiste con deficiencias en el ejercicio de otros derechos sociales. Las reformas institucionales que hemos impulsado desde el Congreso adquieren un significado concreto cuando se traducen en servicios accesibles, suficientes y de calidad. Sin embargo, es necesario reconocer que sus efectos requieren tiempo para consolidarse y que esto solo se logra mediante políticas públicas sostenidas.

Los cambios realizados desde 2018 deben sobrevivir a los gobiernos. Las políticas que tienen un impacto profundo necesitan instituciones capaces de ejecutarlas y evaluarlas correctamente. La estabilidad presupuestaria, la transparencia y la profesionalización administrativa son requisitos indispensables para consolidar los avances sociales y, sobre todo, garantizar que no dependan exclusivamente de las prioridades políticas de los gobernantes.

La reducción de la pobreza es muy importante, pero igualmente importante es impedir que las familias vuelvan a caer en ella. Mejorar el acceso a los servicios de salud implica superar problemas tanto de cobertura como de atención integral y efectiva a los pacientes. El bienestar de las familias debe acompañarse de oportunidades educativas, mayor productividad y desarrollo económico, lo que también requiere apoyar los esfuerzos de los emprendedores. La evaluación de cualquier proyecto de gobierno debe incluir tanto lo que se ha logrado como aquello que todavía está pendiente de resolver.

Las grandes transformaciones de la historia nunca han sido obra de un solo gobierno ni se han consumado en unos cuantos años; por el contrario, han sido procesos que exigieron tiempo, perseverancia y capacidad para convertir los ideales en realidades. La Cuarta Transformación ha dado pasos importantes, pero todavía tiene mucho camino por recorrer. Transformar un país no significa solamente cambiar su presente, sino garantizar que los avances alcanzados se conviertan en bienestar para las generaciones futuras.

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