Ahora no se trata de preguntarnos cuándo ocurrirá el rompimiento entre Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador, sino de entender que estamos frente a un proyecto que va más allá de gobernar de la misma manera: se trata de mantener un rumbo que pretende trascender a las personas y convertir acciones de gobierno en instituciones, derechos y políticas públicas permanentesHistóricamente, México se ha caracterizado por los rompimientos de los presidentes con sus antecesores, sobre todo cuando son del mismo partido. Lázaro Cárdenas exilió a Plutarco Elías Calles, enviándolo a Estados Unidos; Luis Echeverría se distanció de Gustavo Díaz Ordaz para limpiar su imagen de la represión estudiantil del 68; López Portillo envió, a su vez, a su antecesor al exilio dorado con la embajada en las Islas Fiyi; Miguel de la Madrid implementó la “Renovación Moral” para perseguir los excesos de López Portillo y su equipo; Ernesto Zedillo llegó a encarcelar al hermano de Salinas de Gortari, y Felipe Calderón mantuvo en el congelador político a Vicente Fox y su “preferiti”.
Tal vez por esa razón, la clase política esperaba un rompimiento de la presidenta Claudia Sheinbaum con el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Esta expectativa, que se ha convertido más en un deseo que en una realidad, ha dado paso a una continuidad a la que, explícitamente, el movimiento ha llamado “el Segundo Piso de la Cuarta Transformación”. Esta continuidad va más allá de lo político; tan es así que ha quedado incorporada en el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030.
Uno de los pilares más importantes de este trayecto de la vida nacional que le toca encabezar a MORENA es que los logros del sexenio anterior, que fueron implementados en forma de programas de gobierno, ahora se conviertan en reglas permanentes a través de políticas públicas definidas y concretas. En los primeros dos años del gobierno de Claudia Sheinbaum se han realizado 27 modificaciones a nuestra Constitución y 76 cambios a distintas leyes del país, incluyendo tanto nuevos ordenamientos como modificaciones a los ya existentes.Esto es particularmente necesario porque una transformación tan profunda como la que estamos viviendo en México deja de depender de las decisiones de gobierno y empieza a incorporarse al orden jurídico, adquiriendo así un carácter permanente.
Para 2026, se proyecta cerrar el año con 42.6 millones de personas beneficiadas a través de los programas sociales, destacando 13.7 millones de personas que reciben la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores; 2 millones de personas con discapacidad y 2 millones de mujeres que reciben el apoyo de Mujeres Bienestar. En conjunto, todos los programas sociales para este año recibirán un apoyo de 1 billón 3 mil 326 millones de pesos, la mayor cantidad de recursos asignados a los Programas para el Bienestar en toda la historia.
Durante este Segundo Piso de la Transformación también se ha mantenido una política de recuperación salarial, convirtiéndose en uno de los elementos más claros de continuidad transexenal. Durante décadas, el salario mínimo fue considerado como una variable de contención bajo el argumento: si aumentamos mucho el salario mínimo, se va a incrementar aún más la inflación. Para la Cuarta Transformación el pensamiento es distinto, porque el salario es un instrumento de distribución del ingreso.
Las políticas implementadas en el gobierno anterior y continuadas por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo han tenido un verdadero impacto en la vida nacional, que se refleja en que hoy hay 13 millones de personas menos en condición de pobreza. Esto no puede atribuirse a una sola acción o política de continuidad, sino a una estrategia completa de mantener el rumbo que fue marcado desde 2018 y cuyos resultados se reflejan en la realidad cotidiana de los mexicanos.Estamos ante una lógica distinta. Ahora no se trata de preguntarnos cuándo ocurrirá el rompimiento entre Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador, sino de entender que estamos frente a un proyecto que va más allá de gobernar de la misma manera: se trata de mantener un rumbo que pretende trascender a las personas y convertir acciones de gobierno en instituciones, derechos y políticas públicas permanentes.
Por eso, el verdadero reto para el Segundo Piso de la Cuarta Transformación es que los cambios iniciados en 2018 no dependan de quien ocupe Palacio Nacional, sino de los resultados que puedan permanecer en la vida de los mexicanos. El objetivo es que la transformación deje de pertenecer a un gobierno y se convierta en una nueva realidad para el país. cortesía Armando Cabada Analista
