Las madres son, quizás, el ejemplo más claro de la guía que tenemos para ser quienes somosEn las vidas de todos siempre existen figuras que no aparecen en los titulares de los medios de comunicación, no ostentan cargos públicos, tampoco aparecen en las boletas electorales, pero explican con toda claridad por qué las personas son de tal o cual manera, por qué toman decisiones y cómo lo hacen. Lo que han hecho en la vida no es del conocimiento público, pero son una influencia decisiva en aquellos que tienen que tomar decisiones. Las madres son, quizás, el ejemplo más claro de la guía que tenemos para ser quienes somos.
Quienes hemos tenido que tomar decisiones importantes solemos pensar cada decisión y buscar la mejor forma de avanzar y, aunque no lo percibimos en primera instancia, la realidad es que el origen de cada acción que tomamos tiene como fundamento los valores y las convicciones con que fuimos formados. En ese punto, la figura materna se vuelve un factor determinante, porque a partir de ella es que podemos entender la forma en que vemos el mundo.
Mucha gente conoció a mi señor padre, Don Arnoldo Cabada de la O. Era un hombre con una gran determinación y logró muchas cosas que impactaron la vida de un gran número de personas; sin embargo, es prácticamente imposible entender la vida de mi padre sin mi madre, Doña Martha Alvídrez de Cabada, una mujer que sostuvo, acompañó y creyó en cada uno de los logros que juntos tuvieron.Este tipo de apoyo es fundamental en la vida de cualquier persona y, aunque es una forma de liderazgo que rara vez se reconoce, las madres forman parte central del desarrollo personal de las personas; no se trata solo de su presencia diaria, sino de impulsar, sostener emocionalmente y proporcionar equilibrio cuando las circunstancias se ponen difíciles. Las madres cuidan, forman criterio, acompañan, moldean carácter y, en muchos casos, son el primer referente de disciplina, responsabilidad y resiliencia.
En una ciudad como la nuestra, donde hemos enfrentado retos complejos, este tipo de formación no es menor y, en muchos sentidos, es lo que ha permitido que aquellos que crecen en situaciones difíciles desarrollen una visión más amplia y firme, pero sobre todo considerando la dimensión humana en cada una de las decisiones que tomamos.
Estos días son especiales para muchos; en lo personal, es necesario hablar de todas las mujeres que, al igual que Doña Martha, construyeron desde la discreción y, a veces, desde el anonimato pleno, a una generación de hombres y mujeres que han salido adelante en momentos difíciles, porque entendieron que su influencia no dependía del reconocimiento público, sino del impacto real en la familia y en aquellos que posteriormente influirán en la vida de los demás.
Muchas veces tendemos a pensar que todo es resultado del esfuerzo propio; esa es una visión incompleta e injusta, porque detrás de cada liderazgo hay una historia personal de solidez familiar, en donde hay una madre que enseñó a resistir ante las adversidades, a trabajar decididamente y a no rendirse, aunque las condiciones no sean favorables.
