Durante mi etapa como presidente municipal, más allá de errores y diferencias de opinión, procuré escuchar a la gente; aunque eso no basta, es necesario esforzarse para que los gobiernos cumplan con la misión de llevar justicia social

Armando Cabada En política existe la tentación de creer que el liderazgo consiste principalmente en convencer mediante discursos o en establecer los temas mediante los cuales se mueve socialmente al electorado; sin embargo, para la Cuarta Transformación esa es la manera tradicional de establecer liderazgos políticos y la razón por la cual se acrecentaron las diferencias sociales durante la etapa neoliberal.La verdadera representación popular comienza antes de cualquier proceso electoral. Para quienes comulgamos con la visión de la 4T, parte de ella consiste en la capacidad de saber escuchar al pueblo. Gobernar implica tomar decisiones sobre la vida de millones de personas y eso no se puede hacer sin escuchar a la gente, porque se corre el riesgo de que el gobierno termine alejándose de la realidad.

Hay que partir de que toda persona debe ser tomada en cuenta; esa es la manera en que se transmite el mensaje más poderoso de cualquier oferta política: “tu problema es importante y debemos solucionarlo”. La confianza ciudadana no se construye solamente con obras, sino cuando la gente siente que su voz tiene valor.

Durante mi etapa como presidente municipal, más allá de errores y diferencias de opinión, procuré escuchar a la gente; aunque eso no basta, es necesario esforzarse para que los gobiernos cumplan con la misión de llevar justicia social y apoyar a los más vulnerables.

Uno de los reclamos más sentidos que me tocó presenciar fue el del derecho a la propiedad legal y al patrimonio de las familias. Miles de familias vivían con incertidumbre respecto a sus hogares y eso las convertía en instrumentos de políticos que las utilizaban para sus intereses personales y aspiraciones, a cambio de que “no se les desalojara”.Debido a mi formación familiar, ese era uno de los temas más sentidos. Al igual que muchas de las personas que actualmente viven en Juárez, mis padres llegaron a esta frontera con toda la ilusión, pero con la misma precariedad que los demás. Es ahí donde uno comprende que esta ciudad es tremendamente noble, que recompensa el trabajo y que nos permite progresar.

Entiendo la dificultad de atender las demandas de todos aquellos que tienen necesidades, pero es un hecho que el esfuerzo de hacerlo vale totalmente la pena. Durante mi gobierno se otorgó certeza sobre el patrimonio de los más vulnerables al promover 1,875 títulos de propiedad y se inició el proceso de 1,178 escrituraciones.

Pero no solo se trata de entender las dificultades y trabajar en la certeza patrimonial. El trabajo realmente importante es evitar que todas esas familias sigan siendo víctimas de intereses políticos que nada tienen que ver con el beneficio y la justicia social. Cuando las personas sabían que no podían ser extorsionadas por los políticos tradicionales, se les daba la libertad de asistir a los eventos que ellas quisieran, e incluso de no asistir si no les interesaba o simplemente no querían.

La democracia no consiste solamente en el ejercicio del sufragio. En 1863, Abraham Lincoln, en Gettysburg, pronunció uno de sus discursos más importantes, que puede resumirse en una sola frase: “Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Con ello no se debe entender el poder del pueblo solamente como la capacidad de decidir en las urnas quién es el próximo gobernante, sino como la capacidad de decidir sobre su propia vida.

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