Ciudad Juárez Chih; 01 de mayo del 2026.- Eran estudiantes del CBTIS 128, el Colegio de Bachilleres 9 y la UACJ, que celebraban una fiesta de cumpleaños. Investigaciones oficiales determinaron que el grupo criminal La Línea ordenó el ataque, pero se trató de un error de información; buscaban a miembros de un cártel rival en un domicilio equivocado; eso fue la masacre de Villas de Salvárcar, ocurrida un 31 de enero de 2010. El dolor y la indignación de sus familiares estallaron un mes después, en febrero del 2010, cuando el entonces presidente Felipe Calderón, durante una visita a Ciudad Juárez, fue confrontado duramente por Luz María Dávila, una madre que perdió a sus dos hijos en la masacre. La indignación estalló porque Calderón se refirió inicialmente a las víctimas como «pandilleros», lo que provocó que la madre le exigiera retractarse públicamente y le reclamara que investigara el caso como si fueran sus propios hijos. Calderón terminó disculpándose, admitiendo que los jóvenes eran estudiantes.

Ese es Felipe Calderón, el Calderón de la guerra contra el narco, misma guerra que dejó en el Estado de Chihuahua, 21 mil 128 homicidios, de los cuales hasta el 58% fueron clasificados oficialmente como ejecuciones vinculadas al crimen organizado, el Calderón que hizo que Chihuahua fuera el epicentro de la violencia generada por su “estrategia de seguridad’, el mismo que se presentó el pasado 30 de mayo en la capital de Chihuahua en un evento político de respaldo a la gobernadora Maru Campos, “en un acto de profunda incongruencia y una falta de respeto para miles de familias chihuahuenses que padecieron los años más oscuros de violencia durante su administración”, afirmó el coordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso del Estado, diputado Cuauhtémoc Estrada.

El legislador señaló que resulta incomprensible que quien encabezó una estrategia de seguridad que dejó una estela de muerte, desplazamiento y dolor en todo el país, y particularmente en Chihuahua, pretenda presentarse hoy como referente político y aliado de un proyecto de gobierno estatal.

“¿A qué viene Felipe Calderón a Chihuahua? Viene prácticamente a burlarse de nosotros, como si los chihuahuenses no tuviéramos memoria, como si hubiéramos olvidado lo que ocurrió durante su sexenio”, expresó Estrada.

Recordó que Ciudad Juárez se convirtió entre 2008 y 2011 en símbolo internacional de la violencia derivada de la llamada guerra contra el narcotráfico, una estrategia que dejó miles de homicidios, desapariciones, secuestros y extorsiones, mientras las familias enfrentaban diariamente el miedo y la incertidumbre.

“Los que vivimos en Juárez no necesitamos que nos cuenten esa historia. Basta regresar a 2008 y recordar las calles vacías, las funerarias saturadas, los jóvenes asesinados, las familias rotas y el clima de terror que se apoderó de nuestra ciudad”, sostuvo.

Asimismo, recordó que durante aquellos años miles de habitantes de la Sierra Tarahumara fueron desplazados por la violencia, abandonando comunidades enteras ante la incapacidad del Estado para garantizar condiciones mínimas de seguridad.

El coordinador parlamentario consideró que la presencia de Calderón en un acto político promovido por el entorno de la gobernadora Maru Campos evidencia una preocupante doble moral de quienes hoy pretenden presentarse como una alternativa responsable, mientras abren sus puertas a uno de los personajes más cuestionados de la vida pública nacional.

“Es decisión de la gobernadora invitarlo o recibirlo, pero Felipe Calderón no le aporta legitimidad ni prestigio a Chihuahua. Por el contrario, le hace un flaco favor a la gobernadora porque revive uno de los capítulos más dolorosos de nuestra historia reciente”, afirmó.

Estrada agregó que los ciudadanos tienen memoria y que ningún evento político puede borrar las consecuencias de una estrategia que convirtió a Chihuahua en uno de los epicentros de la violencia nacional.

“Quienes hoy se toman fotografías y celebran la presencia de Calderón deberían explicarles a las víctimas por qué consideran que merece ser recibido con honores políticos. La memoria de los miles de chihuahuenses que perdieron la vida, que fueron desplazados o que sufrieron la violencia de aquellos años merece respeto, no amnesia política”, concluyó.

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