Celebrar victorias electorales es importante, sobre todo cuando la magnitud de voluntades expresadas en las urnas se asume como un compromiso con aquellos que creen en un liderazgoCelebrar victorias electorales es importante, sobre todo cuando la magnitud de voluntades expresadas en las urnas se asume como un compromiso con aquellos que creen en un liderazgo. Es por eso que una victoria democrática debe medirse por la capacidad de transformar la confianza ciudadana en resultados concretos. Al cumplirse dos años del triunfo de la doctora Claudia Sheinbaum, el momento invita a celebrar y a reflexionar sobre los logros y avances que el segundo piso de la Cuarta Transformación ha impulsado.
Haber denominado la celebración e informe “A dos años del triunfo: Honestidad, resultados y amor al pueblo y a la patria” no es una casualidad, porque resume tres conceptos centrales para el movimiento y que hoy constituyen también los principales criterios con los que los mexicanos evalúan a sus gobernantes.
El primer concepto es la honestidad, un valor que quienes tenemos una vida pública debemos entender como una virtud personal necesaria para gobernar y que debe reflejarse en la toma de decisiones, en la transparencia con la que se manejan los recursos y en la disposición permanente a rendir cuentas al pueblo. La autoridad moral de la doctora Sheinbaum es inobjetable porque existe congruencia entre lo que dice sobre la honestidad y los hechos.El segundo concepto es el de los resultados. Al final de cuentas, la política cobra sentido cuando mejora la vida de los ciudadanos. Más allá de debates ideológicos y políticos, los ciudadanos evalúan a los gobernantes a partir de hechos y situaciones concretas que la Cuarta Transformación ha logrado, como sacar de la pobreza a 13 millones de mexicanas y mexicanos, mantener la estabilidad social, impulsar el desarrollo económico y, sobre todo, generar la certeza de que las cosas van por buen camino.
Los programas sociales, las obras estratégicas y las políticas públicas son difíciles de ignorar incluso para los más acérrimos antimorenistas. Entendemos que aún falta mucho por hacer, pero la ciudadanía no espera perfección, sino avances reales y soluciones a sus problemas más cercanos, aquellos que enfrenta todos los días.
El tercer elemento es el político, que suele ser olvidado por muchos, pero que resulta el más interesante de todos, porque implica amor al pueblo y a la patria, sobre todo en momentos en los que el orden institucional interno se ve alterado por intromisiones internacionales que vulneran la soberanía.
En este último punto quiero detenerme y ser puntual al establecer mi punto de vista. Cuando se trata de sostener la soberanía nacional, el fin no justifica los medios. Cuando entregamos a manos extranjeras la solución de nuestros problemas, se abre una puerta que posteriormente será muy difícil cerrar. Por eso es tan importante consolidar nuestras instituciones y mantener el Estado de derecho y el respeto a la Constitución. Esa es la guía que debe indicarnos el camino a seguir. Cortesía de Armando Cabada . Darío DE Juárez
