Como algunos le decían. De ella aprendí a tratar siempre bien a los demás, a escuchar y a nunca olvidar de dónde venimos. Me enseñó también a tener paciencia, que no todo tiene que suceder de inmediato y que la vida se construye paso a paso.

También tuve la suerte de ser el nieto mayor de mis abuelos paternos, Yoya y Ramón. De ellos aprendí a confiar, a orar y a agradecer siempre a Dios por los momentos buenos y los malos. Aprendí el valor del trabajo, que lo que realmente vale la pena requiere esfuerzo, disciplina y perseverancia; y, sobre todo, me enseñaron a cumplir siempre mi palabra, porque una vida valiosa no se mide solo por lo que uno consigue, sino por lo que deja en los demás.

Los recuerdo con gratitud, porque sé que su amor no se fue con ellos: sigue vivo en lo que me enseñaron y en cada decisión que tomo.

En este Día de Muertos, los invito a recordar a quienes ya partieron, a contar sus historias, a decir sus nombres y a honrar lo que nos dejaron, pues nuestras tradiciones nos dicen que quien es recordado nunca se va del todo.

Con cariño, para todas las familias de Chihuahua que hoy recuerdan a los suyos.

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