La obra reúne historias, humor negro y crítica social a través de versos dedicados a personajes de la región, e iniciará su gira de presentaciones este 22 de octubre en El Paso antes de llegar a Ciudad Juárez y Camargo antes de convertirse en libro, algunas de sus calaveras estuvieron guardadas entre papeles, apuntes y hasta servilletas. Otras vivían en la memoria de compañeros de trabajo, familiares y amigos que, sin imaginarlo, terminaron protagonizando encuentros con la muerte.

Ahora, Francisco Eduardo Padilla Salgado reúne esas historias en “Calaveras Mexicanas”, una obra que combina humor negro, crítica social y afecto por quienes han acompañado su vida.

El escritor y articulista fronterizo presentará su quinto libro el jueves 22 de octubre en El Paso y continuará después en Ciudad Juárez y en Camargo, Chihuahua, su ciudad natal. El recorrido comienza en vísperas del Día de Muertos, una celebración que se entiende como una oportunidad de mantener vivos los vínculos con quienes han partido.

En entrevista con El Diario de El Paso, Padilla Salgado explicó que su obra busca dejar huella en la memoria colectiva y dar continuidad a una expresión cultural heredada de padres, abuelos y bisabuelos.

En sus páginas, la broma sobre la muerte sirve para observar comportamientos, señalar contradicciones y recordar a personas cercanas, sin renunciar al respeto por quienes aparecen retratados.

Esa intención se extiende a las visitas a los cementerios, al cuidado de las tumbas y a la costumbre de llevar flores o tocar la música preferida de un familiar fallecido. Para el escritor, son maneras de prolongar el vínculo afectivo mediante la memoria y de compartir esas historias con las generaciones que no conocieron a quienes se recuerda.

Las calaveras literarias, considera, participan de ese mismo ejercicio: conservan algo de la personalidad del “calavereado” (su manera de hablar, sus ocurrencias, sus costumbres) y lo convierten en un personaje que se reencuentra con sus amigos a través de la lectura.

“Es una celebración de vida, no de muerte”, afirmó durante la charla, en la que habló del origen del libro, de su trayectoria profesional y de las raíces familiares de su gusto por las artes. Para él, las ofrendas, los alimentos preferidos de los difuntos y la música con que se les evoca expresan el deseo de volver a compartir con ellos. Esa idea atraviesa el libro: hablar de la muerte para reconocer la vida, las costumbres y las relaciones que le dan sentido.

De Camargo a la maquiladora

Su interés por las calaveras literarias se remonta a la infancia, cuando leía las que publicaba el periódico El Sol de Camargo. Años después, aquella curiosidad encontró expresión propia entre los compañeros de una de sus primeras experiencias en la industria maquiladora.

El libro recupera composiciones dedicadas en 1975 a trabajadores de AMF Productos Eléctricos, en el Parque Bermúdez de Ciudad Juárez, textos que hoy funcionan también como memoria de una época.

Medio siglo después, el autor logró localizar a algunos de aquellos compañeros para invitarlos a la presentación. El reencuentro le produjo una satisfacción especial: los personajes de sus primeros versos siguen formando parte de su historia.

La decisión de reunir el material cobró fuerza durante la pandemia, cuando comenzó a ordenar escritos dispersos y a rescatar composiciones que había conservado durante años. “Había algunas en una servilleta; de ahí las rescaté”, recordó.

El resultado es un volumen de 118 páginas, de publicación independiente, que reúne calaveras, colaboraciones y reflexiones sobre esta expresión de la cultura mexicana, con ilustraciones de su amigo Obed Martínez. Entre los protagonistas aparecen amigos, familiares, antiguos jefes, compañeros de trabajo y lugares ligados a su trayectoria, como El Paso, Ciudad Juárez y Camargo.

Observar a los vivos

Aunque la muerte es un personaje recurrente, Padilla Salgado explicó que el punto de partida de sus composiciones es la observación de los vivos. Escribir una calavera, considera, exige “una profunda percepción de la realidad” y sensibilidad para comprender la conducta humana. Antes de poner a alguien frente a la huesuda, necesita conocer sus hábitos, sus gestos y aquello que lo distingue.

Un amigo muy conversador, un compañero bromista o una situación cotidiana pueden convertirse en materia literaria. El reto es reconocer ese rasgo y transformarlo en una escena humorística. “Porque no es mi intención ofender”, aclaró.

Suele trabajar con estrofas de cuatro versos y juega con la semejanza de las terminaciones: en algunas alterna la rima del primero con el tercero y del segundo con el cuarto; en otras busca coincidencias entre las cuatro líneas. También mencionó los tercetos y los versos octosílabos entre los recursos que explora. La estructura está al servicio de una pequeña historia: presenta al personaje, recupera un rasgo reconocible y hace intervenir a la calaca para conducir la escena hacia un desenlace inesperado.

Para ejemplificar, leyó un fragmento dedicado al contador Fernando García, su jefe en una de sus primeras experiencias en la maquiladora:

“Perseguía la huesuda afanosa, entre línea y línea al contador García, logrando al fin lo que tanto quería…”.

En la composición, el antiguo jefe deja de ser una figura de oficina y se convierte en protagonista de una persecución con la huesuda, personaje con el que el autor transforma sus recuerdos en humor.

En sus versos, la crítica social convive con la cercanía personal: la intención, explicó, es bromear con los personajes y las instituciones sin perder el respeto hacia ellos. El propio escritor tampoco se excluye, pues el libro incluye composiciones en las que él mismo es el protagonista.

Las ideas pueden llegarle mientras maneja o en la madrugada, y procura anotarlas antes de que se esfumen. “El que más se divierte soy yo”, confesó al describir ese proceso y evocar la isla de Janitzio, en el Lago de Pátzcuaro, Michoacán, donde sus pobladores celebran a la muerte con fe y tradición.

Del Derecho a las letras

Nacido en Camargo, Padilla Salgado se formó en Filosofía y Letras y después estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), donde aprobó su examen profesional por unanimidad y con mención honorífica.

Ejerció la abogacía en Ciudad Juárez y desarrolló una trayectoria de 42 años en recursos humanos y ética, en los sectores privado y público. Trabajó en compañías como Chrysler, Yazaki, Johnson Controls, American Safety y Xerox, con responsabilidades en oficinas de Dallas, El Paso y Ciudad Juárez.

Esa experiencia ha nutrido parte de su obra. Antes de “Calaveras Mexicanas” publicó “El liderazgo y sus valores fundamentales” (2002), “El liderazgo y sus valores organizacionales” (2005), “La industria maquiladora en México, una historia de éxito” (2015) y “Frases propias y mensajes motivacionales” (2023). Es además columnista desde 1990, con colaboraciones en El Diario de Juárez y El Diario de El Paso, y ha conducido programas de radio, entre ellos ‘En la Línea’ y ‘Buenas Noticias’.

Al recordar sus comienzos literarios, destacó la influencia del sacerdote y escritor Noel Delgado, quien en su juventud alentó su interés por la lectura y lo impulsó a escribir para una página dominical de El Heraldo de Chihuahua. Mencionó también a Marcos Morales, quien revisó sus editoriales y lo orientó en contenido, ortografía y estilo. Ambos ocupan un lugar importante en su reconocimiento a quienes lo ayudaron a encontrar su voz.

La creación es también cosa de familia. Su esposa, Laura Arroyo de Padilla, es escritora e ilustradora; en 2012 publicó la novela “Luz y Sombras”, que, según el autor, llegó a ser bestseller en la edición digital de Amazon. Aunque cada uno trabaja géneros distintos, él destacó el respaldo que ha recibido de ella. En la familia hay además músicos y cantantes, entre ellos su sobrino Salvador Padilla, quien se dedica profesionalmente al canto.

La portada del libro surgió de ese entorno: su sobrino Israel Muñoz Salgado, “Rutilo”, elaboró una imagen que el autor describe como una especie de autorretrato convertido en calavera y que terminó por darle identidad visual a la obra. Padilla Salgado reconoció también el acompañamiento de sus tres hijos y seis nietos, así como la influencia de sus padres, Francisca Salgado y Julio Padilla.

Reencuentros y presentaciones

Ahora jubilado, el escritor vive la llegada del libro entre reuniones y muestras de cariño. Sus amigos le organizaron encuentros para celebrar su cumpleaños, y varios de ellos compartieron con él distintas etapas de trabajo en la maquiladora. La cercanía de esas fiestas con las presentaciones ha dado un sentido especial a los reencuentros: algunos de los compañeros a quienes dedicó sus primeras calaveras podrán leer ahora esos textos reunidos en un libro, después de décadas de que los conservaran entre sus papeles.

Lo acompaña su amigo Rubén Carrillo, también originario de Camargo, quien presentará la obra en las tres localidades, adelantó Padilla Salgado. Compartir esa tarea con un paisano refuerza el entusiasmo con que prepara el recorrido el autor, quien pide que, cuando la huesuda se lo lleve, su epitafio diga: “Sólo léanme”.

La primera presentación será el jueves 22 de octubre, a las 5:00 de la tarde, en el centro comunitario The Beast Urban Park, en 13501 Jason Crandall Drive, en El Paso. El programa contempla una hora para conocer la tradición de las calaveritas con el autor y, de 6:00 a 7:00 de la tarde, una actividad de pintura. Padilla Salgado adelantó que también explicará cómo construye estas composiciones e invitará a los asistentes a intentar sus propios versos en español.

En Ciudad Juárez, la presentación será el miércoles 28 de octubre, a las 6:00 de la tarde, en el Centro Cultural de las Fronteras de la UACJ, en la zona del Pronaf. La visita a Camargo está prevista para la última semana de noviembre, en el museo Casa Camargo, fecha que coincide con el 248.º aniversario de la refundación de la ciudad, de acuerdo con la información proporcionada por el escritor.

Regresar a su tierra con un libro significa ofrecer a la comunidad una parte de lo aprendido y reconocer el lugar donde comenzó su relación con las palabras y las tradiciones. “Yo quiero a mi Camargo como los parralenses adoran a su Parral”, manifestó. “Nunca debe uno olvidar sus orígenes”, expresó, orgulloso de su tierra y su tradición.

Ese mensaje va dirigido también a las nuevas generaciones que crecen fuera de México. El autor considera importante conservar el idioma, conocer la historia familiar y mantener las tradiciones como una forma de reconocer de dónde se viene. Por eso resume su invitación en una frase: “Jamás olviden sus tradiciones”. Con “Calaveras Mexicanas” busca contribuir a esa continuidad mediante versos que se ríen de la muerte y dejan constancia de las personas, los lugares y los afectos de una vida fronteriza.

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *